"Unos días en la playa" (Ana María Shua)
"Unos días en la playa" no tiene artificios. Ni tan siquiera el de la primera persona. Es un texto representativo de muchos de nuestros familiares ancianos, que luchan entre la desmemoria y la vergüenza, entre la decrepitud y la negación. Una profesora de Historia de más de ochenta años se confunde, o tal vez no, con la ingestión de ansiolíticos. En el edificio donde vive tiene un par de amigas. Fuera, una sobrina que se preocupa por ella, como suele suceder. Tan solo una sobrina, la parte del todo que habrá de ser un montón de sobrinos que, aunque el cuento no lo diga, prefiere ignorar la existencia de la vieja, que recién reconocerán esa existencia cuando la vieja ya no exista.
La mujer del cuento, en resumidas cuentas, tiene que pasar "unos días en la playa", pero esas cinco palabras son solamente un eufemismo, un subproducto de la vergüenza y la negación. Y no es necesario que haya escenas tristísimas, sentimentalismos inútiles, ni tampoco Shua requiere de extraterrestres o chinos voladores para realizar un cuento perfecto, tan realista como perfecto.