Min gyu quiere ser escritor. Min gyu ha frustado su vocación. Y la empeora. Hace un desastre. Mezcla alcohol con conducción.
El cuento de Coelho fue publicado para los días de un accidente en la ruta 11 donde un borracho en una camioneta cremita terminó con la vida de un pobre treintañero. Si todos los borrachos fueran como Min gyu, si el borracho de la ruta 11, además de ser un hijo de remil putas, fuera como Min gyu, habría que caparlos, o directamente pegarles un tiro en alguna parte del cuerpo donde la muerte sea lenta y sufrida.
Esa es la parte que no convence de Min gyu, su extraña irresponsabilidad tras los hechos, así los hechos se inicien con estas sentencias:
"Todo hombre que quiera reducir la culpa debe camuflarse.Hay una justificación, sin embargo: Min gyu es joven y la juventud contamporánea suele caracterizarse por cierta apatía, por un contundente desdén.
Si el culpable además es una víctima, debe desaparecer, renunciar a todo".
Hay luego una casualidad al final, una coincidencia, que, además de previsible (se adivina), suena a cosa forzada (pero la casualidad existe, ¿no?). Y hay sexo tras el crimen, pero del eros y el tánatos es fluido, trillado pero fluido.
La tercera persona otra vez soluciona muchos inconvenientes. Que suceda en Corea también los soluciona. También es muy cierto que los aspirantes a la fama, sea en la literatura o en lo que fuere, son una verga. Min gyu es una de esas vergas.