30.8.11

Oh, Señor, Señor

Continúan los textos de renuncia, de entrega absoluta por La Causa. Y continúan también mis inquietudes acerca de la condición humana. Ese asunto de la codependencia, las buenas intenciones y demás asuntos que pueden tronchar la carrera de un santo o dañar a sus parientes.
Mateo 13, 44-46
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
Ay, hermanos, seguidores del Gran Gurú Czz, ¿qué hacer cuando se pretende ser bueno y el tiro sale por la culata? ¿Qué hacer con la humana torpeza? ¿Qué con la beatitud y la vehemencia enfrentadas a la sencillez y la ignorancia de los hombres que duermen sin pastillas? ¿Qué con estas reflexiones tan sin norte, tan poco claras? ¡Ay, ay, ay!



No hay comentarios:

Publicar un comentario