30.3.12

1806, 1807, 1833, 1845, 1982

Cada año corresponde a una invasión inglesa en la Argentina. Las dos primeras, las ganamos. Después vinieron los jacobinos y más tarde Rivadavia y el colonialismo cultural comenzó a torcer la suerte.
En 1833 los ingleses echaron a la población de Malvinas y a su gobernador, tildado de "¡pirata!" por los estadounidenses, y se quedaron para no irse más.
1845 fue el año del combate exitoso de la llamada "Vuelta de Obligado" contra el bloqueo usurpador anglo-francés.
Y 1982, finalmente, tras una toma pacífica de las islas, los ingleses, en vez de intentar una solución también pacífica, decidieron (y está mal hablar de "los ingleses", sería más correcto hablar de "la corona británica", vicaria de Satán en la tierra) exterminar a los pibes argentinos y hasta cagarse en las convenciones internacionales y hundir al Belgrano.
1982 es el año de la quinta y más sostenida invasión, que se desarrolla desde entonces —como lo muestra este mapa oficial de los súbditos del diablo—, sobre la plataforma submarina, gracias al empeño y la colaboración del capital.
A mí me encantan los escritores ingleses y yanquis, pero en estos días les rompería la cara a todos. Se hacen odiar demasiado fácil.