"Como en todos los oficios, hay buenos y malos y siempre los habrá. El problema es cuando los escritores jóvenes se dejan presionar por esas demandas y acceden o ansían ponerse etiquetas como "emergentes" o cualquier otra. Hay un aura de competitividad y muchos escritores jóvenes entienden el éxito como lograr reconocimiento temprano, invitaciones a festivales, premios, becas, congresos, antologías, ferias del libro y de sentirse parte de la "cultura" general gracias a listas elaboradas por un periodista ocurrente o por una reseña de un académico en Estados Unidos. Pero al final es una competitividad desgastante, que en vez de lograr una cultura que trascienda más allá del mundo literario y alcance a los lectores y los no lectores, se estanca en una 'cultura' simplista, en la que cada quien ve por sí y no con generosidad hacia los demás."
Aquí la entrevista completa.