20.11.11
Solo (d)
En Óptica por Ópticos nos interesa saber de su vida, digo, más allá de estas cuestiones.
Estoy diciendo cosas que no debería decir, me parece. La puta que lo parió. ¿Y qué quieren saber de mí?
Algo ya deslizó. Que por ejemplo no viene usted de una familia de ópticos.
No, claro que no. No soy el heredero de una óptica, de un laboratorio, de nada soy. Pero ahora, la puta que lo parió, hasta hay quienes ponen en tela de juicio mi presidencia porque en mi época no había carrera universitaria, yo hice el técnico, ¿estamos?, y como hice el técnico y ahora se exige tener título universitario para matricularse, entonces yo para algunos no soy óptico, no entienden que la ley no es retroactiva en este caso, no entienden nada pero siempre encuentran el hueco para defenestrarme.
Bueno, pero eso tampoco lo vamos a poner.
No, claro, está bien.
¿Y el técnico dónde lo hizo? ¿Qué era?
Un colegio técnico, en Capital. Uno podía elegir o seguir el secundario o hacer directamente el técnico, y como había unos conocidos de mi familia que tenían laboratorio, entonces yo agarré por ese lado e hice el técnico y me puse a trabajar en el laboratorio, Zarniewsky se llamaba, ya no existe más, por Floresta. Ahí aprendí de todo, les debo lo que soy, especialmente el viejo Zarniewsky.
¿Cuál es su camino desde ese lugar hasta llegar a ser presidente del colegio?
Mierda, el camino no es natural. Yo estoy ahí, después me abro y a mi padre le propongo cambiar el rubro de su comercio y él me alentó a que lo hiciera; transformamos el local de artículos del hogar en óptica, Óptica Gutiérrez. Para él fue un orgullo, yo les encajé anteojos a casi todos su amigos, a los hijos de sus amigos, la puta que los parió, hoy me ven y no se acuerdan, pero a todos, a todos todos.
¿Y su llegada a la presidencia?
Porque soy solo. Por eso estoy acá. Vaya paradoja, ¿no? Tanto que me estigmatizan por ser solo, la puta que los parió. Estaba el anterior presidente y me propuso que armara mi lista, me dijo:
Sos solo,
la puta que lo parió,
vas a poder ocuparte mucho más que cualquiera, todo el mundo en el sector sabe que sos solo, que no necesitás salvarte, que no tenés que salvar a nadie.
Y bueno, le creí, la puta que lo parió. Le creí.
¿Ya habían muerto sus padres?
Mis padres y mi hermana. Estaba realmente solo como lo estoy ahora. Solo de soledad absoluta. Y gané por robo, quiero decir, no lo pongás así, quiero decir que gané por amplio margen, así suena mejor. Y tengo buena llegada con el ministerio, con el gobierno, así que estamos haciendo cosas, pueden decir cualquier cosa de mí, pero estamos haciendo cosas.
¿Qué cosas?
Esperá. Yo venía golpeado, eso nadie lo sabe, pero quiero que lo sepan, eso escribilo, yo venía golpeado por lo de mi hermana. La puta que lo parió, si no me ofrecían la presidencia no sé qué hacía, porque con Bermúdez en la óptica no me iba a quedar, no me quería quedar en Chivilcoy, demasiados malos recuerdos. Pero después, digo, ahora, con todo esto que se dice de mí, no sé si fue una buena elección. Seguramente sí, por un lado, seguramente no, por el otro. Cuando pongo en la balanza los pros y las contras la verdad es que me da empate, pero no sé por cuánto tiempo más. Me quedan cuatro años de mandato, después mando todo a la mierda, me instalo en Córdoba y que la óptica argentina se vaya al soberano carajo.
¿No hay reelección?
El estatuto no lo permite. Y además ya me puse un límite, eso quiero decir, voy a luchar por cumplir mis promesas preelectorales. Si logro el sesenta por ciento, estoy hecho. Y después, que revienten. Porque acá hay mucho hijo de puta que se queja, que dice que hay competencia desleal con la venta de anteojos fuera de óptica y todo eso, pero después uno los ve vendiendo mierda china en sus negocios, y así la profesión se desdibuja, deja de existir. Pero vos viste cómo es esto, después la culpa no la tiene el protagonista del problema, sino el que lo acompaña y asiste y trata de solucionarle ese problema. Es como el chiste del tipo que se está muriendo. Es un chiste que me gustaría que también aparezca. Los otros no, pero este sí.
Me gustaría saber antes qué clase de acciones desarrolla con el ministerio, el gobierno.
Esperá, te cuento el chiste, que está bueno, la puta que lo parió. Dice:
Resulta que había un tipo que estaba muriéndose en su casa. La mujer le había conseguido la cama ortopédica, las enfermeras, la rotación de médicos, las sondas nasogástricas, todas las drogas necesarias y bueno, llegando el tipo al final de sus días se le pone, medio ahogandosé, a hablarle a su mujer. Ella siempre sentada a su lado, siempre atenta a lo que le pueda faltar, a lo que su marido pueda pedir. Y el tipo le dice, la puta que lo parió:
Vieja, ¿te acordás cuando me agarró aquel cólico renal que casi me lleva?
Sí, viejo, claro que me acuerdo.
¿Y quién estuvo a mi lado?
Yo, viejo,
responde la mujer, le acaricia la cabeza al marido, le acomoda la mascarilla, porque el tipo habla como puede a través de una mascarilla de oxígeno.
Y vieja,
sigue el tipo,
¿te acordás cuando me caí de aquel caballo en el campo y me quebré los dos brazos?
Claro que sí, viejo, los chicos eran chiquitos, todavía.
¿Y quién no se movió de mi lado y quién estuvo también cuando me caí?
Yo, viejo, siempre yo, viejito,
la mujer vuelve a responder, le besa la frente, se muerde las ganas de llorar porque ese hombre que ahí se apaga ha sido el hombre de su vida.
Y decime, vieja,
el tipo se ahoga pero no para,
y decime, ¿te acordás cuando tuve el accidente en el auto?
¡Nos salvamos de milagro, viejo!
Vos más, vieja, ¿te acordás de los clavos que me tuvieron que meter en las piernas?
Yo estaba ahí, viejo, yo siempre estuve ahí.
Sí,
dice el viejo, y deja de hablar. Cierra los ojos.
La mujer lo mira, lo acaricia, lo vuelve a besar. Él abre un ojo. Ella entonces pregunta:
Pero viejo, ¿por qué me preguntás todas estas cosas?
¿Quién estuvo cuando me enfermé de esto ahora? ¿Quién está a mi lado ahora?
Yo, viejo, yo, mi amor.
El viejo vuelve a cerrar los ojos. Y los abre otra vez de la misma manera, primero uno, después el otro. La mujer se le acerca, le hace otra pregunta:
¿En qué pensás, viejo? Contame, mi amor.
No, mejor no te cuento.
Dale, viejo, contame,
la vieja insiste.
Y el viejo, con lo último que le queda de aire, al final le contesta:
En que sos yeta, la puta que te parió, yeta.
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