21.11.11

#Riachuelo (De El Pueblito a Villa Soldati)


Hay un centro cultural en El Pueblito, del otro lado del Puente Uriburu, con una sirena del Riachuelo que tiene la particularidad de poseer unos enormes pechos de pezones puntiagudos. La primera vez que fui al barrio con Novoa, el dibujo, enseguida, nos llamó la atención. Íbamos en misión pseudo-periodística. Íbamos a hacer fotos y a sacar testimonios de funcionarios. Íbamos también a observar una mínima porción de la pobreza como turistas alemanes.

Novoa bajó del auto con la cámara. Le sacó a la sirena dispuesta en la ochava que ocupa y ocupaba el centro cultural. Unos pibes nos miraban, gesticulando, riendosé de nosotros. El más atrevido gritó a Novoa:

—Eh, loco, si querés teta pasá que te muestro a mi hermana.

Novoa sonrió. A pesar de sus años, es tímido. Creyó, además, que era una broma. Pero el pibe insistió, señaló otra vez el pasillo. Y tal vez fuera nomás broma, pero en el pensamiento burgués y clasemediero que comparto con Novoa uno nunca sabe. 


Aquella vez vimos cómo comenzaban las acciones de relocalización de ese asentamiento: desde Nueva Pompeya a Villa Soldati. Particularmente supe de la mecánica. Censo a los habitantes, relevamiento del estado de salud de ellos y de sus perros. Notificaciones sobre las futuras mudanzas. Finalmente el desalojo, la demolición y las nuevas viviendas, hechas con telgopor como aislante. Todo un trabajo en equipo que debería ser un ejemplo para el mundo, donde el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, más el federal, trabajan juntos. Pero detrás hay una orden judicial, es decir, subyace una condena a ambos estados, que obliga a que procedan de ese modo. El gobierno federal se encarga de la construcción de las viviendas. El de la ciudad, de los censos y de conseguir los nuevos terrenos. A los habitantes se les da una tenencia precaria y un año de gracia. Luego deben comenzar a pagar algo que los incluidos sociales llamamos hipoteca, en sumas que pueden impresionar módicas y que seguramente lo sean (salen menos que un alquiler en la villa), pero la gente que es relocalizada entra en el sistema, y ello no solo supone el pago de la hipoteca, sino también del agua, la luz, el gas, en fin, de todos los servicios, y eso, para un desocupado o un trabajador eventual puede significar no pocos riesgos. 
Hoy regresamos a El Pueblito. Ya está avanzado el proceso de relocalización. La gente mayormente es pacífica. Aunque hay quienes con razón o no protestan. Uno no puede tomar partido en un día. Sí uno puede comprender que la gente, ahí, en El Pueblito, no es del todo feliz. Estará la alegría del pobrerío, esa cosa folclórica de la cumbia, el saludo entre vecinos y la cerveza por las tardes. Pero la alegría no es felicidad. Tampoco la cumbia que ahora suena en Villa Soldati.