19.10.11

Riachuelo, Riachuelo (Parte cruda del Lado A, 2a parte ((próximamente espero hacer la 2a entrega del Lado B de todo esto en HermanoCerdo o en la revista Hombres Sudados))


Pero tras Magaldi viene lo peor. El Rulo o Vuelta o Meandro de Brian. Con él, en la margen porteña, nace la Villa 21-24, donde ACUMAR tiene previsto trasladar a 1334 familias entre 2012 y 2013, a departamentos que se edificarán en General Paz y Castañares y en el predio llamado "Mundo Grúa", exactamente ubicado junto al extremo oeste de la 21-24.
Es por el Rulo en cuestión donde los motores más se traban. Es que el Riachuelo se angosta y sus aguas se espesan todavía más, acaso porque es más fácil que allí, en esa circunvalación natural, los desechos logren mejor estancarse.
Siam abandonada (la foto es mía, putos, no la roben)
Sobre la margen provincial puede observarse la carcaza desvencijada de la torre de lo que fuera una de las plantas de la fábrica Siam, como así también otras estructuras edilicias abandonadas. Meses atrás hemos hecho por tierra parte de ese territorio. Había decenas de lavarropas abandonados en uno de los ingresos a la vieja Siam, como si un día en particular hubiese acontecido el final de un sueño metalmecánico y argentino.
"Ahora, vamos a acelerar", avisa uno de los prefectos "vaqueanos". La razón es simple. Estamos a mitad del Rulo y adelante se levanta el Puente Ingeniero Brian, por donde otrora un ramal del Ferrocarril Oeste procedente del Once abandonaba la Capital y se adentraba por esa zona en el conurbano. Ese puente hoy es la zona aparentemente más peligrosa de nuestro recorrido. Nos podrían arrojar piedras desde su altura en el mejor de los casos. Pero nada de todo aquello sucede. Como acostumbra pasar con la humanidad, la maldad no es mayoría.
Tras pasar a toda velocidad bajo ese brazo de hierro, y tras aminorar la marcha para volver a girar hacia la derecha, más cooperativistas tuercen sus espaldas para hacer un poco más limpia, o un poco menos sucia, a la villa. Ellos, junto a otros chicos sin clase ni escuela, también saludan. Y sus saludos impactan en nuestros chalecos, y los atraviesan.