Borges le dice a Bioy: “Cuando le cuento sueños a madre, creyendo que son valiosísimos, ella se pone furiosa. Dice que, mientras ella duerme tranquila, yo estoy soñando disparates, que ni dormido la dejo en paz”. Lo que estaba soñando Borges era que alguien lo apuntaba con un arma y le decía: “Voy a matarlo, no puede hacer nada”. A lo que Borges contestaba: “Puedo hacer algo: despertarme”. Uno se lo imagina abriendo los ojos a las cuatro de la mañana y preguntando en la oscuridad, hacia el cuarto de al lado: “Madre, ¿está despierta? ¿Sabe lo que acabo de soñar?”.
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