Señor Otto debió ser un ovejero alemán o bien un boxer o cualquier otra bestia de origen puramente germano. Pero Señor Otto nada de todo aquello es. En la seña que el viernes dejé en la veterinaria rezaba la factura "perrito negro". Nadie sabe el origen de Señor Otto. Ni los veterinarios. Lo abandonaron y un fundamentalista del bienestar animal dio con la veterinaria. Punto.
Una ganga me ha salido Señor Otto. De hecho: el valor de las vacunas y el tiempo que estuvo el cuidado de los galenos.
Señor Otto se parece a un ovejero, pero no es ovejero. Señor Otto se parece a un perro, pero es, en su adentro, un niño que nació con el caballo cansado. Un niño que, además, duerme mal y ensucia. Y que si por él fuera viviría a cartón, que es lo que más le gusta llevarse a la boca.
Bienvenido disfuncional Señor Otto. Necesitaba alguien que me acompañar a fumar, algo en qué desviar un poco mis obsesiones. De alguna manera lo estás logrando.