4.1.08

Recen por mí, muchachos

Mi padre me regaló una cruz franciscana y me dijo llevala en el bolsillo, yo sé lo que te estoy diciendo. A mi padre le he hecho caso y un muchacho endrogado, la madrugada del lunes, cargando el muchacho una botella vacía de cerveza, se me acercó nervioso con propósitos delictivos que se transformaron en un beso en la mejilla y un feliz año nuevo. Mi padre luego, enterado del suceso, me dijo no era un ladrón, hijo, sino un ángel.
Una noche después, también de madrugada, no pude seguir durmiendo soliviantado por una especie de revelación, digamos que de voz interior aunque no es ésta la mejor manera de describirlo, que me decía ojo, que te quieren enrollar; ojo, que tal y tal persona son un par de miserables hijos de puta. Todavía no hablé con mi padre de esto último pero estoy casi seguro de que ése fue otro ángel del Señ-r, de esos ángeles magníficos que se aparecen en sueños, por lo general perturbando la tranquilidad y hasta dando miedo.
Alguna vez la humanidad tendría que trabajar en la representación de estos jóvenes fornidos y alados, que supongo nada tienen que ver con lo hasta ahora expuesto en museos, catedrales y estampas. Porque hasta tienen barba y pelo largo. Porque no siempre se bañan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario