He escrito un cuento
que se tradujo al polaco.
He escrito
y ahora que lo hago
en verso libre
me siento un poeta.
¿Cómo se llama el cuento en castellano, papá?, pregunta uno de mis hijos.
Dejame pensar, que no me acuerdo, le respondo,
y pienso en estos versos,
en lo que he escrito,
más aún ahora que me siento poeta.
Un hombre bueno, al fin le digo.
Un cuento que he escrito
hace ya miles de millones de años.
Cuando todavía no se habían muerto tantos y cuando la pena no valía.
(Y que jamás, abro un paréntesis,
fue publicado
en castellano).
He escrito.
He escrito cosas para aquella revista donde me recibieron como a un poeta
y me echaron como a lo mismo.
Cientos de textos del que salió un libro
y otros más
que quedaron en la reserva (y tan luego en el olvido).
Tratábase, ¡oh, poetas!, de una revista manejada por una corriente narcopolítica:
el macrilarretismo.
Desos cientos de textos del que no salió un libro apenas quedaron un puñado,
que también he escrito,
mientras que el resto fue borrado por un asno
(o por varios)
porque yo los había escrito.
Suena el celular.
Es mi hijo.
Una treinta y ocho de la mañana.
Escribe para decirme que tengo un sitio en Wikipedia
donde también se dice que
he escrito.
Y así sucesivamente todo continúa en este verso libre que en poeta me convierte
como a aquel gordo sinvergüenza
de bigotes
que tiempo, mucho tiempo atrás, armó su garito editorial y me dijo:
vas a ser un gran escritor.
Ya no me acuerdo su nombre, o sí,
pero en alguna parte, como ya se lo imaginan,
lo he escrito.
¡Oh, ahora que soy poeta,
que declamo y me toco la frente,
ahora que grito como un loco
y me pintó de marrón la cara para hacer negocio con la raza,
ahora, oh, ahora, que canto y bailo y me desnudo
y me dejo los pelos largos, me pregunto:
¿jugaré en primera y me pondrán la casaca del mítico nueve
que por cardiaco antes de morir debió retirarse del fútbol?
¿Seré el toro puntano de largas crenchas,
el que despliega su energía junto con la pelota
en un partido en Mar del Plata,
temporada de verano,
de la década del 80?
¿Podré con mi presencia en Wikipedia ser
el Juan Gilberto de la literatura,
el mito (¿he repetido esta palabra?) vivo
por una muerte desgraciada?
Oh, oh, oh.
No lo sé.
Nadie lo sabe.
Sólo conozco que ayer ha muerto gente
y que hoy pasará lo mismo
y que debo encontrar a aquel cuento que he escrito y que una vez
al polaco
me tradujeron.
Podría decir más, pero antes, poeta amigo, aquí me silencio,
y con mis pelos al viento me coloco los pantalones cortos,
la camiseta con la publicidad de Fate,
me calzo las medias y los botines,
disimulo todos mis males,
apago el cigarrillo,
atiendo las últimas indicaciones del
mefistofélico
Bambino
y salgo a la cancha
en una temporada de verano, donde,
¡casualidades!,
también habremos de enfrentar a los polacos.
De lo que no estoy seguro es de la formación,
de si en ella yo, Juan Gilberto, formaré parte.
Deberé buscar Funes, Polonia y Mar del Plata,
y deberé también, más tarde, peinarme.
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