No pretende ínfulas de ingenio. Vita di merda, la película que ha de rodar, supone una reversión en todos los sentidos de La dolce vita, una variante de los pecados de la aristocracia romana, pero donde no hay Roma ni romanos, sino los últimos treinta años de una vida de clase media dejándose guiar, como en la del director italiano, por una serie de situaciones sin estructura aristotélica; clásica, por decirlo de otro modo.
Vita di merda, en consecuencia, es un drama pequeño-burgés. Nada nuevo bajo el sol. Nada original.
Inicia con un secuestro, 1997. Cinco tipos armados hasta las amígdalas. Ciudadela, provincia de Buenos Aires. El Marcelo de esta historia está al volante de un Renault 11, un coche tan medio pelo como la clase media argentina, casi nuevo, es verdad, pero nada que llame la atención. Marcelo ha detenido minutos antes el Renault 11 para besar a una de sus novias. Como el Marcelo de La dolce vita, tiene al menos dos o tres novias. Pero entonces el Fiat Uno, los cinco tipos armados hasta las amígdalas, con handys o handies o jandis, cómo carajos se escriba. Uno se llama Prevención. El otro de otra forma muy policial también. Policías bonaerenses de los noventas del turco y el gobernador Duhalde, policías de franco o exonerados que se ganan la vida con este tipo de pasos de baile.
Marcelo sobrevive. Su novia también. Jesús, María, os amo, resulta la jaculatoria que Marcelo, el de Vita di merda, comienza a repetir las semanas siguientes, oración que termina en una exclamación: ¡Salvad las almas!
Marcelo, a diferencias del de La dolce vita, aún cree en algún dios. Pero no habrá dios que le quite la desesperación, ese echarse en la cama de costado y no querer salir ni al balcón. Es un muchacho que vive con sus padres, nada más que un muchacho tonto de clase media que nada conoce de la vida y que se ha visto sorprendido por un secuestro.
Aquí tenemos ya el primer episodio de Vita di merda.
Treinta, perdón, en realidad, veintinueve años después, este Marcelo sufrirá su segunda intervención quirúrgica, y aunque conozca al amor, sabrá que sus días están contados.
El resto se encuentra dentro del esqueleto del guionista que también dirige la película.
Se estima que Vita di merda, si todo marcha a contramano de como han marchado las cosas, se estrene en 2034, en un hospicio psiquiátrico, ese mismo donde Roberto Sánchez, alias Sandro, en una película hermosa quedó internado junto al Nahuel Huapi, una vez que quedara paralítico y ciego.
Pronto habrá más novedades, si las hay. Porque ahora mismo debo salirme de este blog. Golpea la Parca ya no la puerta, sino las paredes, el techo y hasta el piso de madera más bien barata de ese departamento también lleno de fantasmas.
Muchas gracias, los quiero mucho.
Marcelo.
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