—Holá, ¿el señor Creme?
—Sí, ¿quién habla?
—Le hablo desde la Argentina, míster Creme.
—Ah, sí, qué bien. Estoy un tanto ocupado.
—¿Hay noticias?
—Bueno, estamos viendo con quién firmamos contrato.
—Pero entonces quiere decir que hay noticias.
—Vea, es difícil dar una afirmación, el señor quiere asegurarse que la transmisión sea realmente mundial.
—¿El no tiene el poder?
—¡Por supuesto! Pero también nosotros tenemos el libre albedrío.
—Claro.
—Y él quiere respetar nuestras formas de contratación.
—¿Podría ser con la BBC?
—O con la CNN, o con Fox. O con Al Jazeera.
—¿Qué harán con el dinero?
—Seguramente será donado.
—¿A quién?
—Esa información no se la puedo dar.
—¿Y puede usted decir dónde es que exactamente está el señor Maitreya?
—Maitreya no tiene ganas, no me ha dado permiso.
—Una última pregunta, señor Creme, ¿qué sucederá tras la presentación de Maitreya?
—Seguramente tocará U2 o cantará Madonna, o las dos cosas, estamos también viéndolo. Necesitamos un lugar grande, un estadio de fútbol.
—Muchas gracias, señor Creme.
—De nada, hijo.