7.1.12
Contame tu condena, decime tu fracaso
Arabatá arabatatatá.
Así me despidió la vieja, y diciendo que mi ángel era Ariel. ¿Hay un ángel que se llame Ariel? También dijo
los ateos solo creen en Dios.
Claro,
le dije.
Y que ella tenía el don de lenguas, que por eso arabatá arabatatatá.
No te asustes,
me previno,
con lo que te voy a decir,
y me tomó la mano libre de la correa del perro y me dijo arabatá arabatatatá. Y que era pastora, joder, y que se había casado tres veces,
una legal,
me dijo,
con un turco,
me dijo.
Estaba sentada en la vereda de Martín de Gainza al 900. Tomando mate con azúcar. Sentada en una silla, estaba. Debía pesar 35 kilos y exagero. Y el hijo, canoso, enjuto, pesaría como mi can, unos 25 kilos. Tenía gorra de béisbol el hijo, tenía una remera que se levantó para mostrarme lo flaco que estaba. Tenía, también, unas bermudas por donde le asomaban dos patitas sin pantorrillas.
Estoy inválido,
me dijo.
Me levantó por el aire un C4 y estoy inválido. En Gavilán y Gaona.
Joder, joder, joder.
Y me fui a pasar las fiestas a Ciudadela con No Sé Quién, el que pasea perros, ¿lo conocés?
No, soy nuevo en el barrio.
Ah.
Sí.
Pero nunca le des a No Sé Quién tu perro para pasearlo.
Y la vieja:
Anda en la joda No Sé Quién.
Sí, en la merca anda.
Uh.
Sí.
Y yo me fui para las fiestas porque No Sé Quién es amigo de Fumanchú y Fumanchú tiene remís. Yo tenía andador. Tenía andador para andar, porque mirá,
me dijo, y se puso de pie tomándose de las dos paredes del largo pasillo de la casa, una casa chorizo, sí.
¿Ves cómo me paro? Pero no puedo caminar solo.
Se va a matar
(la vieja).
Sí, me puedo, ¡pero pará mamá!
Yo lo adopté. A él y a su hermano. Su hermano es gemelo. ¿Vos sabés que tienen igual la huella del pulgar? ¿Lo podés creer?
Sí, sí
(él),
como estuvimos adentro de una misma bolsa tenemos todo igual, mi hermano vende flores en Chacarita.
¡Flores, flores!, se la pasa diciendo.
Pero chupa que es un asco.
A mí no me hace gracia.
¡Pará mamá!, ¡pará un poco!
La vieja tenía dos o tres dientes marrones. La vieja tenía dos o tres dientes. Y la nariz ancha.
Mi papá era norteamericano, y se casó con una mulata.
Pero usted tiene pinta de gringa.
No te creas,
y se tocó la nariz.
Entonces yo fui a pasar las fiestas con No Sé Quién y Fumanchú, y me tuvieron cinco días metido en una pieza, abajo, ellos se mandaron para arriba para darle a la merca. Les tenía que gritar para que me llevaran al baño. Porque una cosa es que yo camine por el pasillo, ¿me entendés?, y otra por una pieza, no me alcanzan los brazos, ¿me entendés?
¿Y el andador?
El andador Fumanchú lo metió en el baúl del remís, el muy hijo de puta, me lo dejó ahí metido, el muy hijo de puta.
Uh.
Sí.
¿Me querés morder, vos, eh?
Cuidado, que es cachorro y medio hinchapelotas.
No se lo des a No Sé Quién, ¿eh?
¡Ya te dijo que no lo conoce, Juan Carlos!
¡Pará, mamá, pará un poco!
A mí también me tocaron el timbre No Sé Quién y el otro:
Señora, venga a pasar las fiestas con nosotros. Déle, señora.
¿Pero quién se queda a cuidar la casa?, dejensé de joder.
Pero yo sí me fui.
Y yo no. Y le dije, ¿para qué te vas con No Sé Quién y el otro? Pero se fue, se fue.
A pasar las fiestas me fui.
Acá antes alquilaba dos piezas a dos peruanos. Me robaron todo. Estamos en la lona
(la vieja),
se me rompió la cocina, no tenemos gas, a la buena de Dios vivimos, ratatá, maranatá, arabatatatá.
Y les tuve que gritar más para que me llevaran de vuelta a casa, estaban repuestos
(él).
Yo le dije no vayás, porque él no toma alcohol, decile.
No, no tomo ni una gota, solo esa sidra, ¿cómo se llama?, esa sidra que toman los chicos, sin alcohol.
Ah.
Pero mi hermano se toma hasta el agua de las jarras, es igualito a mí.
Igualito, sí.
La otra vez viene el Pollo y me dice:
Che, te vi en Chacarita de lo más bien.
Y a mí me vino arabatá arabatatatá rarará y me dijo:
¡Ay, qué suerte que Juan Carlos está mejor!
Y yo le dije:
No es Juan Carlos, ¡es el hermano!,
le dije. No es gracioso. ¡Pero es que son dos gotas de agua! ¡Tiene la misma huella del pulgar!, ¿lo podés creer?
Pero mi hermano chupa mal, chupa. Antes de las fiestas me tocó el timbre a las 7 de la mañana.
Yo no lo escuché
(ella dijo; lamentándose, ella, como si algo malo hubiera sucedido o fuera a pasar),
Venía con una sidra de verdad, pero yo para llegar hasta ahí, mirá cómo tengo el culo todo chato, mirá.
¡Sentate que te vas a matar!
¡Pará!
Está bien, no es necesario.
Me tengo que sentar en la cama, de ahí tirarme al piso y caminar con el culo hasta el pasillo. Me tomé un vasito nomás, y me agarré un pedo.
Y el otro quedó tirado en mi cama.
Rechupado.
No es gracioso.
¡Basta, mamá!
El hijo se levantó, se volvió a sentar, tomándose de las paredes. La vieja en la silla, chupando de la bombilla. Mi can acostado en la vereda de Martín de Gainza. Yo con fuertes ganas de orinar, doscientos mangos milagrosamente en el bolsillo.
Y Fumanchú me dejó para Reyes, pero me dejó tirado acá en la puerta y se mandó mudar con el andador en el baúl
(él).
¿A vos te parece?
(ella).
Es gente que tiene el alma enferma. Enferma la tiene
(ella también).
¿Pero por qué no lo llama por teléfono?
¡Es que no tengo el teléfono de Fumanchú! No tenemos teléfono.
¿Y No Sé Quién?
No Sé Quién no le quiere dar el teléfono. ¡Mirá!
El hijo se había vuelto a parar y sentar con dificultad en el escalón de ingreso a la casa, ahora volvía a ponerse de pie.
¡Dejá, dejá que te vas a matar!
¡Pará mamá!
Y un andador cuesta gamba y media, nuevo.
Yo fui a la iglesia de Buenos Aires,
levantó el dedo la vieja,
les pedí un andador, uno usado, no uno nuevo, él tenía uno nuevo.
¡No era nuevo, mamá, era usado!
Pero los curas no me dieron nada. Les pedí un poco de pan. Pero no me dieron pan. Yo soy pastora. Hablo en lenguas.
Se casó tres veces.
Una legal.
Era rápida mamá.
¿Usted tiene pensión por invalidez?
No, me iba a hacer el documento, me falta el documento, pero tengo todo lo demás. Mamá, ¿por qué no le mostrás todo los papeles?
La vieja ya salió eyectada de la silla.
No me tardo, el es soltero, contale.
Desde hace cinco años soy soltero, me separé. Y me agarró el C4 por el aire y Fumanchú se quedó con mi andador. Hoy comí salchichas. En la esquina una vecina me dio salchicas y esa cosa que se le ponen, ¿cómo se llama?
¿Pan?
Eso, pan. Pancho.
Tomá,
la vieja regresó, se sentó, le entregó una talega marrón al hijo y se quedó con una bolsa de supermercado con papeles dentro. Antes le dije:
Cuidado con el mate, señora.
Mi can, dormido. En mi cabeza, una canción brasileña de moda, desintegrándose, yéndose a la mierda, de esas canciones que se escuchan en las zonas de veraneo y que sirven para que la época de celo prospere. Yo le he visto el pito a mi can ayer, me dio mucho asco, no quiero saber nada de sexo por un tiempo. Ayer escuchaba un programa de solos y solas, viejos y viejas, y cuando los viejos se entusiasmaban con las viejas yo les imaginaba las vergas levantádonse, despegándose de los huevos, bajo calzones sucios, meados. No tiene nada que ver con lo que estoy contando, o sí, no sé.
La vieja sacó de la bolsa unos papeles ajados, amarillos. El hijo hizo lo mismo con otros papeles, pero de la talega.
Tomá,
me dijo el hijo.
Deme de a uno porque el perro ve papeles y se los come.
Ahí está el turno que saqué para el documento en el CGP. ¿Pero cómo hago para ir?
Creo que pueden venir a domicilio, usted está inválido. Solo tendría que llamarlos por teléfono, del teléfono de un vecino.
Claro, sí, en la esquina
(él).
Pero hay que solucionar el asunto de los pulgares
(ella),
tomá, tomá
(ella).
Una partida de matrimonio, con el nacimiento de la vieja ahí.
¿Usted es Alba?
Alba viuda del turco, sí.
Se casó tres veces ella.
Una legal.
¿Y tiene usted pensión, señora?
Jubilación tiene
(él).
Primero hay que saber sufrir, después amar, ahora en mi cabeza. Después qué importa del después, toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. La puta madre que la parió a mi tristeza.
Qué le habrán hecho mis manos, qué le habrán hecho, para dejarle en el pecho tanto dolor.
Mi can, dormido.
Primero hay que saber sufrir, después amar. Joder.
Toda mi vida es el ayer.
Tendría entonces que conseguir un teléfono y llamar, con el documento puede recibir una pensión
(yo a él).
Eso digo yo
(ella).
Total, es cuestión de que le saquen una foto, que usted llene unos papeles, y después se lo envían a domicilio
(yo).
Sí. Además sin documento no me revisan los médicos de la otra parte, de la parte del C4.
Tomá
(la vieja).
Otro papel.
Lo escribí yo
(ella).
Ah.
¡Leelo!
"Rodéate de cosas que amas, ya sea la familia, mascotas, música, plantas, pasatiempos, en fin, lo que sea que te guste."
Yo fui bailarina, modelo pero no de pasarela, cantante. Levanté toda una familia yo sola.
"Tu casa es tu refugio."
Dame la mano.
"Tu casa es tu refugio. A las personas que amas, díselo en cada oportunidad que tengas."
No te asustes con lo que te voy a decir.
"Elimina de tu vida los números que no son esenciales. Esto incluye la edad, peso y altura, deja que tu médico se preocupe por ellos."
Arabatá arabatatatá.
"Mantén amistades alegres, las quejosas bajan el ánimo."
Arabatá arabatatatá.
"Aprende nuevas cosas, no permitas que tu cerebro sea holgazán, se enferma."
Arabatá arabatatatá.
"Ríe más a menudo, fuerte y por largo tiempo. Ríe hasta que te quedes sin aire."
Arabatá arabatatatá. Y del Hijo y del Espíritu Santo.
"Sufre, laméntate y luego sigue adelante."
Arabatá arabatatatá. Y amén.
"La única persona que estará con nosotros toda la vida somos nosotros mismos."
¡Y amén!
"La vida no se mide por los descansos que tomamos sino por los momentos que te roban el aliento."
Listo, listo.
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El hijo se volvió a incorporar, otra vez me pidió que mire lo chato que tiene el culo.
Dios tira pero no ahorca
(yo).
¡Eso digo yo!
(la vieja).
¡Dios es único! Tu ángel es Ariel. Arabatá arabatatatá.
La vida es una herida absurda, también en mi cabeza, mi cabeza, mi triste cabeza, despeinada por la brisa, como si perteneciera a un actor de Hollywood.
Y la vieja ahí, en su silla. Y el hijo ahí también, sosteniéndose con las manos.