Leo en "Pautas de estilo periodístico sobre discapacidad", impreso por el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), con dirección y realización de arte de la Secretaría de Medios de la Nación, un interesante supuesto de asalto exitoso a mano armada perpetrado por un no vidente.
Según las normas de lo políticamente correcto, de lo moderno, de lo respetuoso por la diversidad, sólo hay una manera de informar la noticia, o dicho mejor, una única omisión necesaria: la de suprimir la voz "ciego", porque, así parece, si un ciego roba un banco, mata a un custodio y se escapa, el hecho noticioso está en el delito y no en su nula capacidad visual.
Un ejemplo parecido sería el de un hombre sin brazos que estrangula a un anciano. No interesa cómo lo haya realizado, lo importante es el estrangulamiento y no la mecánica del hecho.
Habría que tener en cuenta estas máxima modernas, puesto que, aunque primero aplicadas al periodismo, enseguida se expanden hacia la publicidad, el cine, la literatura, generando y empobreciendo nuestro mercantilista universo simbólico moderno, donde el amor es coito, donde la justicia, ya hemos visto al sinvergüenza de Obama hablar, es lisa y llana venganza.
A continuación, las aludidas recomendaciones del COMFER.


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