20.3.09

She

Tiene un diario íntimo desde hace unos días. No quiero imaginarme lo que escribe. Bueno, sí. Quiero imaginármelo. La busco. Ella está enojada.
Ya te dije, me dice, vos no arreglás nada, todo lo arregla mamá. Quiero irme a lo de L. y vos seguro me vas a decir que no puedo porque no sabés si mamá me deja.
Intento explicarle que no es así. Pero es así.
Ella me dice que lo único que hago es llevarla y traerla del colegio, sentarme al escritorio, escribir, y hace el gesto de teclear con sus dedos. Escribo para ganar plata, para darte de comer, le digo eminentemente paternal. Y además no es lo único.
Sí, es verdad, además hablás, blablablá y dormís y nos leés La Odisea, y a mí no me gusta La Odisea, todo lo que tiene que ver con mitología griega es aburridísimo.
Es una chica con carácter.
A veces me sobreviene la chica de Pastoral Americana. Lo único que deseo es que ni física ni temperamentalmente llegue a parecerse a esa chica. Si eso lo logra digamos que podremos tener una relación interesante.
Tomo mi telefonito, pregunto si puede, si no está en penitencia.
No, no está.
Bueno, andá con L., le digo.
La señora que cuida a L. ha visto y escuchado todo. Está entre seria y sorprendida y angustiada y apurada. Está maquillada. Raro. Está maquillada y me dijo que a las siete se va, que la busque antes de las siete.
OK.
Y a ella: Portate bien, no hagas lío. Sí, papá. Me dice.
Luego las veo alejarse, a las tres, ella, L. y la señora que cuida a L.
Ella y L. van sueltas, separadas de la mujer que cuida a L.
La mujer que cuida a L. se calzó un vaquero ajustadísimo que le queda horrible. Y una remera ceñida y negra que evidencia cómo se le derraman los excesos.
Regreso con M., que se mantuvo callado, que sí disfruta de los griegos, que sabe cómo termina todo, cómo los pretendientes suenan, y que hace de Telémaco o de Ulises parado en su cama.
(Fuera de libreto: él también tiene el suyo. Papá, falta un mandamiento. Honrarás a tus hijos. Estoy para el cachetazo, hoy.)

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