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4.1.15

Año nuevo, ¿vida nueva?

Quise fumar. Solo cuatro cigarrillos en el paquete. No me alcanzarán para más allá del mediodía. Entonces me guardo las ganas de fumar en el mismo lugar donde guardo mi soledad, y que el mundo explote.
Pasé Año Nuevo fuera de aquí. Bum, un fuego de artificio que cuesta todos mis ingresos. Bang, otras luces en el cielo derrochando el dinero que no tengo. Se brindó alrededor de una vela. Había que pedir tres deseos. Yo pedí salud, trabajo y amor, en ese orden. Sin salud nada hay. Sin trabajo el amor se diluye, o no está. Para el amor hace falta tener los pies en la tierra y creer que es posible una vida nueva. Me tengo muy poca confianza para los tres ítems. Pienso en Borges (estoy releyendo El Aleph) y me pregunto si al menos podré alcanzar ese estado de nirvana con los libros y las lecturas. Sería una bendición si así fuera. Prescindiría del amor, el deseo más difícil de encontrar.

27.12.14

Una idea estúpida, trillada pero útil

Escribo estas cosas no solo para mezclarlas y dejarlas al fin en la ficción. Me viene dando vueltas la idea desde hace años en realidad: que escribo para que la tristeza no solo rime con la belleza, sino que también la posea. Tal vez algún día lejano relea estas anotaciones y les encuentre algún brillo de felicidad a pesar de lo mal que la estoy pasando, de lo solo que la estoy pasando con mis hijos muy lejos de aquí. Lamento en mi fuero interno que todo sea cierto. Me ilusiono con que poniendo en palabras estos días en ellas queden encerrados. Es una misión imposible, lo sé. Espero que mi curación no.

Libro

Terminé el librito de Mario Levrero. Fueron dos días de lenta lectura. En realidad era para leer de un saque. Pero peor es nada. Es el primer libro que leo en un año y medio. El primer libro que termino. Dejen todo en mis manos se llama y no fue gran cosa, pero me entretuvo algo en este fatal y rutinario aburrimiento. Es fácil entretenerse con el vuelo de una mosca aquí. Todo es tedio y pacientes que de pronto discuten, que levantan la voz, esas cosas. Ayer el gordo le mostró sus genitales a una devota de la Virgen. Estábamos los tres, yo alejado. La devota, que reitera diez mil veces las mismas preguntas, me preguntó si yo lo había visto. Dije que no. Ahora llaman a comer. Debo dejar esto.

25.12.14

Navidad

Nunca tuve una Navidad como esta. No hay comparación. Es la peor Navidad de mi vida. Los fuegos de artificio resultaron una tortura. Me llevaron a lo de un familiar. Terminé en la cama de la casa junto a una perra salchicha muerta de miedo, como yo, por los petardos, las bombas de estruendo, los fuegos artificiales. Malditos chinos que descubrieron la pólvora. Cuando me fui una de las pacientes lloraba a mares. Cuando regresé lo seguía haciendo y aún continúa con su faena de hacerme todavía más trizas el ánimo. Vino mi médica tratante, a quien no soporto. Me sumó medicación. Recién ahora descubre lo encarnizada que está mi tristeza y mi angustia tras la ruptura de mi familia. Recién ahora aterriza en que no tengo un lugar en el mundo. Y de todos modos no le creo ni les creo a sus pastillas. Espero equivocarme. Le pido a Dios que me equivoque y se quite la sordera que tiene para conmigo. Ya son pasadas las diez. Debo ir en busca de los medicamentos. Encontré en una biblioteca un libro de Mario Levrero. Probaré en un rato volver a leer tras un año y medio de infierno. De un infierno que no se acaba, que continúa. La carne de la cena estuvo picante.

22.12.14

Interrogantes más odio

Sigo preguntándome por mi futuro inmediato. ¿Qué hacer? ¿Adónde ir a parar? ¿Cómo tolerar esta soledad maldita a la que estoy condenado? Ya lo escribí, creo: quisiera volver a ser yo o reinventarme. Y  mientras esto escribo aislado, escucho la voz de la evangélica y ya me da náuseas. Es una máquina de hablar y llenar de exclamaciones lo que dice. Un gordo excocainómano le grita que se calle. Pero ella sigue. Es fácil pensar en asesinar a alguien molesto en el encierro. La convivencia se torna dura, insoportable. No quiero salir de mi cuarto, pero necesito fumar. Y hay escasez de encendedores. Veré si el gordo, a quien algún temor le tienen, logró encender un cigarrillo para pedirle fuego. Esto es el infierno. Y hoy no tengo más ganas de escribir. Que me perdonen los "profesionales" de la "salud".