(((Nota: no es necesario leer esta entrada, también se puede escuchar acá.)))
A las 2.45 tenía el turno. Llegué bajo la lluvia, los pies mojados, las medias mojadas, 2.30. Hacía unos cinco o seis años que no me hacía una resonancia magnética. Me identifiqué, corroboraron mi nombre, mi turno, pero cuando me llamaron un hombre saltó de su silla, comenzó a gritarle al empleado. El tipo venía con su hija. Su hija, claramente, estaba peor que yo, al menos así lo dictaban las apariencias. El tipo dijo que tenía turno a las 2.45, que a mí no me conocía, que nada tenía en mi contra, que si había un error que él simplemente hacía valer su derecho. Que su derecho era que su hija ahora mismo entrara. Dije cristianamente que pase ella. El empleado me dijo que ella, la chica, tenía un estudio mucho más largo que el mío, de al menos una hora. Dijo también el empleado que lo mío no duraría más de quince minutos. El tipo dijo que su hija no se sentía bien y que a él por teléfono le habían dicho que su turno era a las 2.45. El empleado dijo que sólo había un resonador y que el sistema decía que a la hija del tipo le tocaba a las 3 am. El tipo dijo que no, que era el colmo, que quería hablar con alguien que fuera responsable. Su hija pasó al baño en silencio, rengueando. Yo volví a decir que mejor pasaran ellos. El empleado me dijo pero es injusto con vos. Le respondí que lo hacía para descomprimir, pero en realidad quería decirle otra cosa y cuando finalmente pasó la chica y el padre de la chica en sala de espera se quedó dormido con unos auriculares puestos en las orejas, finalmente después de todo eso y de mirar una serie horrible con Brook Shields (había una parte de esa serie que me dio náuseas, una amiga de Brook despertaba en un hospital y se sentía muy triste, venía Brook y venía una morocha que era también amiga y todas ponían cierta cara de dramatismo y también cierta ternura en sus palabras porque la internada sufría, le acababan de congelar unos óvulos porque en algún momento querría ser madre), finalmente decía cuando todo eso pasó y me quedé dormido muerto de frío, aguardé mi turno fumándome un cigarrillo con el hombre de la empresa de seguridad Falcon, que ahí salió conmigo a fumar, y hablamos entonces de la burocracia, de los resonadores magnéticos y él me contó que jamás se entrometía en pleitos del tipo que se había armado hacía ya horas, porque no servía para nada meterse, y esa fue su forma de decirme que compartía mi gesto no conflictivista, mi no defenderme si nada del todo grave sucedía, esto está escrito a las apuradas, no sé si se dieron cuenta, después de todo eso, decía, me llamaron, ingresé en el resonador y amagué con salir porque me ahogaba, y dije no no no no no, quiero salir, y luego no no no, voy a intentarlo otra vez, y cerré los ojos y me puse a rezar un rosario y así rezando los ruidos se sucedieron. En la mano izquierda tenía como un sacamocos, que la operadora del resonador me dijo "es una alarma". La derecha me la metí en el bolsillo, para no temblar o para temblar menos. Tenía frío, muchísimo frío, y ya eran las 6.15 y ahora me ilusiono con esta anotación, con hacer algo más extenso y estructurado con esta anotación.
18.9.09
17.9.09
Este blog a veces
funciona como un cesto de basura o como elemento de descarga. De manera que no lo tomen en serio.
15.9.09
Los planes para los próximos meses
A menos que los anuncios de google —que, en un ataque de optimismo incorporé— me den resultados increíbles y hasta milagrosos, los planes para los próximos meses vuelven a ser los mismos de otras muchísimas veces: el recorte progresivo de gastos, el bajón, la cuenta de los días que pasan. Cuando eso suceda, espero que algún golpe de suerte como en veces anteriores me dispare hacia playas más serenas. De lo contrario, ya sabemos. El problema igual no está en mi nivel de flotación, en si me hundo o no. Esto realmente interesa muy poco, a mí mismo siempre me interesó muy poco. El problema está y es porque soy el chofer de un 1114 con severas dificultades de frenado por falta de mantenimiento. El problema existe porque no hay otro dios que no sea el dinero. No hay nada que reemplace a ese dios. Ni el amor, ni la amistad, ni los libros ni nada. Sólo la enfermedad y la muerte pueden contra él. Y a veces la fe verdadera de los hombres que son buenos. Pero hace tiempo que ni bueno soy. Que me callo y permanezco en una tibieza repelente. Hace tiempo que tengo demasiadas ganas de romperle la cara a una decena de sujetos. Y eso no es bueno. Eso no hace bien. Esto está mal. Así que alégrense mis enemigos. Festejen e insúltenme. Aquí tienen mi culo para empujarle lo que quieran. Prometo putear bajo, para que nadie luego se me queje.
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