20.5.09

Cuando junte unos mangos me compro este libro


Hace un mes más o menos salió una antología de cuentos donde escribe Hernán Iglesias Illa, que es a quien conozco de todos los antologados. (También conozco a Santiago Llach, uno de los encargados de la antología; yo fui un troll de Santiago Llach años atrás, un troll al voleo, acaso involuntario y tristemente patético).
El cuento que abajo linkeo —y que pertenece al libro del que hablo— es de esas narraciones que exigen alguna concentración dada la cantidad de nombres. Naturalmente un lector argentino y de mi generación entrará más rápidamente en contacto con el cuento en cuestión que uno como mi viejo o como una chica de diecisiéis. Pero independientemente de estos detalles el texto está muy bien llevado, sin sentimentalismos ni golpes bajos ni grandes golpes de efecto, es decir, está realmente bueno. Además, joder, es un cuento de luchadores. Mérito aparte para los antólogos, al menos en este cuento (hay que leer el resto): no se ataron, por lo que se ve, al tema que guía la antología y que le da el título (Los años que vivimos en peligro). De hecho el tema antologizante apenas es mencionado y es más bien un detalle menor. Hubiera sido una lástima que este cuento quedase fuera de este libro por estos pruritos acaso más del mkt que de otra cosa.
Lo más importante. El autor ya tiene su buena currícula en el rubro. Se llama Leonardo Oyola. Aquí el link a su cuento.

18.5.09

Carta desde Ecuador

Desde algún lugar de ese país eminentemente tropical me llega una carta a mi correo (yo soy en realidad una anciana de cabellos blancos, vivo en las afueras de Londres y por mi jardín pasean las ardillas), decía que me llega una carta del bardo Dimitrakis a esta tierra de fríos insulares, quien, antes de partir hacia Patmos para incurrir en el milenario género hebreo, me promete muchos libros de autor de renombre. Gracias por regalar libros en este año y en este día donde tan materialistas y apenados nos sentimos nosotros, los que hacemos a yo.

Mayo

En estos días de mayo volveré a ser Cornelio Saavedra en un acto infantil. Todo comienza a parecerse cada vez más a los días de aquella gran sequía laboral y económica de 2002 y 2003 que generaron la aparición del patético Zamudio gritando sus miserias desde un blog ya desaparecido y donde se inculpaba, entre otras cosas, de nicolaíta, no necesariamente por sus inexistentes actitudes adúlteras, pero sí por su idolatría a la pesadumbre, la diosa del tedio y el bajón. Yo soy el nicolaíta, se decía Zamudio después de un sueño donde el vecino del piso de arriba lo perseguía vestido de diablo.
Situación económica, nivel de desesperación: 3.