Pensaba ayer a la tarde sobre mi gusto por las películas malas y viejas. Ese interés que me despiertan, lo sé, guarda relación con la curiosidad que despierta el álbum fotográfico donde figuran varios antepasados. Mirar películas malas y sobre todo viejas es una manera de conocer, especialmente con las producciones argentinas filmadas en Buenos Aires, lo que fue mi ciudad cuando yo no existía. Me sigue pareciendo increíble que el mundo y sus reglas modernas ya tuvieran su lugar antes de mi nacimiento. El mismo interés y las mismas rarezas se aplican al futuro inmediato a mi muerte. Que el mundo siga funcionando tras mi muerte ya me da nostalgia, ya me hace lamentar que no esté en él cuando eso pase.