8.12.06
largo sueño alcanzado
Escribo recostado en la cama y como es la primera vez que así lo hago me siento medianamente feliz. Fuera de la pieza mi mujer y los chicos preparan el arbolito de navidad. Y por el balcón el cielo está limpio. Pero no somos los Ingalls. Recién L. empujó a I. contra mi cama, I. lloró y yo le grité a L. mientras mi mujer amonestaba a M., que está empecinado en meter los dedos entre las paletas del ventilador. Creo que una familia es eso, un caminar al borde del caos y la desintegración diariamente. Cuando los días son tranquilos uno se olvida o se jacta. Pero la vida en familia me impresiona eso. Por lo menos nosotros, en esta parte del mundo, así la pasamos, sabiendo que todo está a punto de estallar, aunque nada estalle. Por ahora.
6.12.06
El problema de Di-s
Cuando mis hijos, como recién, me plantean por qué la muerte, entonces no sólo me veo obligado a decirles que tras ella hay vida y esas cosas sino que, además, conmino a Di-s a que así sea. Y es ahí donde caigo que la misma conminación por mí la realizo. Entonces digo, les digo a ellos, que no lloren por los muertos si los muertos no fueron perros, gatos, loros o hijos de puta. Que no extrañen codos, piernas y cuellos, porque incluso el día que yo no esté calculo (y que la muerte se haga a un costado) que los seguiré queriendo muy a pesar de mi ausencia. Lo que soy yo, chicos, con respecto a ustedes, no son estos pelos, este culo, esta nariz. No. Lo que yo soy es lo que los quiero y no otra cosa. Y eso, les aseguro, no termina.
Amén.
Amén.
s/t
Varios descubrimientos que son el mismo: estoy perdiendo la memoria reciente, hay quien dice que es porque ando estresado. Puede ser. Otra vez de escritor fantasma oficio, al servicio de un muñeco político que maneja una interesante caja, tal vez, de las más grandes de este país, mi servicio, ese servicio, al módico precio de lo mismo. Ni siquiera ser un mercenario y ni siquiera ya sentir culpas. En eso uno se convierte. El viejo Vautrin le dice a Rastignac: "Yo tengo una idea, ¿sabe? Mi idea es vivir una vida patriarcal, en un gran dominio de cien mil arpens, por ejemplo, en los Estados Unidos, en el sur. Quiero hacerme plantador allí, tener esclavos, ganar unos buenos millones vendiendo mis vacas, mi tabaco, mis maderas, viviendo como un rey, haciendo mi voluntad, llevando una vida que no se puede concebir aquí donde uno vive agazapado en su madriguera de yeso. (...) Si tengo éxito, nadie me preguntará: ¿Quién eres? Seré el señor cuatro millones, ciudadano de los Estados Unidos. Tendré cincuenta años, no estaré todavía estropeado, mi divertiré a mi gusto". Pierdo la memoria y no registro cosas que me dicen, frases sencillas, en absoluto grandilocuentes, que se refieren a otras nimiedades como la de si viene o no la camioneta delivery del supermercado. Tal vez sea también el cigarrillo. Lo que no quiero es la locura. Llegar demente a la vejez en 2060.
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